
Daneris Batista Torres. En estos momentos de tantos cambios, he sentido la grandeza de Dios posar en mi alma.
Era pasado las doce del mediodía. ¡Todo parecía estar en calma! Recuerdo como ahora que, en abril, antes de que me despidieran de mi trabajo, le decía a mis hijos que iba a pedir un permiso para estar en casa el día de mi cumpleaños.
Esa conversación me provocaba incertidumbre, pero cuan grandioso es tu amor por mí Dios que no fue necesario pedir ese permiso tan deseado para mi familia, el día después de esta plática me despiden. Este fue un cambio sin esperar, pero que he asumido con valentía y optimismo.
Con esto me doy cuenta de que nada es indispensable en esta vida. Me hago más consciente de que de la noche a la mañana pueden pasar miles de cambios, pero la decisión de no aceptarlos es un riesgo que no vale la pena correr.
Fui una empleada fiel, nunca me había negado a nada, pero llegó el momento de irme. Y saben que, lo más motivador de recibir ese despido fue sentir la satisfacción del deber cumplido.
Me reté y me demostré que con disciplina podemos lograr lo que nos proponemos. Durante la secundaria, la matemática no era mi fuerte, sin embargo, trabajé en el área de contabilidad y desempeñé una tarea loable, sin cuestionamiento a mi desempeño y con el entusiasmo de siempre dar lo mejor.
Mi motivación a ustedes, jóvenes lectores de esta plataforma, es que luchen por sus sueños y nunca se detengan ante nada ni nadie.
Somos buenos y buenas mientras brindamos un servicio, pero si nuestro rendimiento cambia por salud o nos sentimos con derecho de tener un descanso, en ese momento se deshacen sin ver tu historia de trabajo.
Siempre estaré agradecida con todo lo aprendí, a fin de cuentas, lo único que te llevas son los conocimientos adquiridos y el regalo de haber compartido con personas de gran valor.
¡No pisotees tus valores por encajar en la sociedad! Nuestro compromiso es con DIOS, con nosotros mismos, no con el hombre.


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