
Altagracia Kubinyi
En una ciudad muy retirada de los sueños habitó un joven, él era todo un artista, pintaba, escribía y sus letras hacían melodías.
Con él estaba la abuelita, ella creía incondicionalmente en el talento de su nieto. Se lo decía a diario, él no veía ese potencial, ella sí.
A 10 minutos de la aldea de los sueños, se encontraba una hermosa niña, de pelo afro, mulata y toda una poetista.
Contrario al niño, ella no tenía a nadie de la familia que creyera en su talento. Su habilidad no era destacada en ningún momento, no había una estimulación a su arte.
Pero había una persona importante que sabía de su destreza. La niña, con esa motivación en mente, a diario alimentaba su sueño de ser una artista de la escritura.
En una habitación oscura, con lámparas y pluma, en la soledad del entorno y en la compañía de su ser, ella hablaba con su alma gemela.
Confiaba, aunque nadie lo hacía. Creía en ella cuando nadie más lo hacía.
Desde la misma comunidad de los sueños, la hermosa mulata escribió su primer poemario. Libro que recorrió el mundo.
Creer en ella, confiar y tener su ser como el mayor impulso, le hizo llegar lejos. Contrario al niño, quien tenía a alguien, pero nunca arrancó, le faltaba esa motivación que solo viene desde adentro.
Así como ellos, vemos que la tarea más difícil es creer en nuestros sueños. ¡Creer en nosotros! Creer en que podemos hacerlo es lo único que nos permitirá triunfar.
Es importante tener a alguien, pero la compañía más importante es la nuestra. Nuestro mayor impulso debe de ser nuestro voto de confianza en lo que creemos.
Cree en ti cuando nadie más lo hace y escucha cuando alguien te motiva a crecer.

2 Comments
Es muy importante creer que somos capaces de hacer lo que nos proponemos.
Gracias, Hilario.