
Al mirar hacia lo lejos, contemplando lo más hermoso de las montañas, esa naturaleza imperfecta y perfecta al mismo tiempo, es allí donde reflexionamos sobre nuestros más grandes temores, pues estos son barreras mentales que dificultan nuestra independencia y metas sobre un mañana mejor.
Nuestros sentimientos constituyen una virtud poderosa que nos hacen seres humanos especiales y pensantes, cuán difícil es transcurrir una vida en donde nuestros sentimientos son tan fuertes, aún más fuertes que las olas del mar, donde en ocasiones se antepone a la conciencia y a la realidad, provocando actos impulsivos que al final lesionan la manera como somos y lo que creíamos haber planificado para nuestra vida.
A ese impulso tan fuerte de accionar a merced de lo que sentimos, hoy le hablo, pues a pesar de lesionar la manera en como pensamos acerca de la vida, nos enseña que no todo va a salir como lo planeamos, no todo es permisivo, no todo es igual, sin embargo, debemos reconocer que nuestra mejor maestra es la vida y aunque las cosas no salgan como queremos, siempre habrá una salida, una alternativa, una manera de hacerlo mejor y sobre todo de ser mejor.

