

Anabel Vargas Santos
Cuando somos expertos en decir “sí” a todo lo que los demás nos presentan, comenzamos a decirle “no” a lo que en verdad queremos.
Aprender a decir “si” a nosotros mismos y a priorizar nuestros objetivos nos ayuda a ser más honestos y fieles a nuestros ideales. Cuando ponemos límites, de alguna forma nos respetamos.
El “no” en realidad deja espacio para el “sí” en nuestras vidas. Poder decidir conscientemente cuáles responsabilidades queremos asumir nos va a permitir alcanzar lo que necesitamos.
Algunas veces es difícil decir “no”, por eso cuando somos de esta manera, debemos de tomarnos un momento para decidir un “sí” o un “no”, esto nos ayuda a ser estratégicos, también nos enseña a no tener una reacción inmediata y a dar una respuesta asertiva.
Hay una gran diferencia cuando decimos “sí” desde el corazón, a decir “sí” para no quedar mal ante los demás. Ofrecer una alternativa a alguien es una excelente manera de poder decirle que “no” a alguien. A pesar de que no puede ayudarlos directamente, todavía les estamos ofreciendo una sugerencia que los ayudará.
Cuando tratamos de complacer todo el tiempo a los demás, es como si nos olvidáramos de nosotros y el resto puede decidir por nosotros. Ser generosos y dar una mano de ayuda a los demás nos permite ser más empáticos, debemos ser flexibles, pero nunca poner a los demás por encima de nuestros deseos.
Puede ser muy difícil decirle que “no” a las personas, especialmente si te gusta complacerlas. También puede sentir que tienes que decir que sí para no ser juzgado. Sin embargo, no siempre es necesario decir que “sí” y tampoco es necesario que se sienta culpable por decir que “no”.


2 Comments
Leave a Reply