Mildred Dolores Mata

Santiago, República Dominicana– En el corazón de la ciudad del encantador Monumento a los Héroes de la Restauración hay una mujer que desde niña dibujaba esperanza. Tiene los pantalones bien puestos y la falda ajustada, convive con el rico y el menos pudiente sin marcar diferencias.

Su nombre es música y alegría para muchas familias de República Dominicana, Mildred Dolores Mata.

Entre las convesaciones es fácil verificar que sus palabras denotan sencillez y buen carácter. Muchas anécdotas de su infancia le hacen pensar que desde muy chica la persistencia y constancia le han acompañado.

Recuerda que para el año 1961, luego de la muerte del dictador Trujillo, su madre la llevó a hacer misiones pastorales en Guayubin, la cual consistía en cuidar a personas enfermas. A partir de los ocho años se integró con más conciencia en esta labor solidaria, construyendo a pasos firmes el inicio de su formación como mujer valerosa y de alto coraje. Con bañito y esponja acompañaba a su madre en el aseo de los ancianos y ancianas, esculcándoles hasta el último espacio del cuerpo se aseguraba de que la higiene estuviera impecable.

“No vi como un misterio el cuerpo de un hombre o una mujer y mucho menos sentía ningún tipo de desprecio. Entiendo que no se puede continuar con la mentalidad de que la vulva es la vergüenza de la mujer o que es intocable. Hay que educar sobre la sexualidad, las niñas y los niños deben de conocer su cuerpo en todos los sentidos”, opina. 

¨Hay en mí una parte infantil y muy alegre. La primera forma mía no está a la altura de las situaciones en muchas ocasiones, pero al rato voy asumiendo lo que sucede con la madurez que requiere´´, concluye en su reseña de recuerdos.

A los 15 años se integró de manera activa en la vida política. En el año 1992, hace más de dos décadas, comenzó a trabajar en los bateyes (comunidades rurales que surgieron alrededor de la industria azucarera en la República Dominicana).

Según cuenta Mata, estas zonas tenían un alto nivel de hacinamiento social. Cada día se enfocó en mejorar y cambiar ese tipo de realidades.

  La valentía es su mayor espada. Con buen humor y un poco de sociología crea de su ambiente laborar un espacio idóneo de trabajo. Luego de unos años de experiencia aprendió que de las personas lo más importante son los objetivos comunes que las une.

Luego de esa reflexión sabe lidiar con todo el mundo -el soberbio, el humilde, el prepotente, el inteligente, el distraído, el alegre, el melancólico-.

Al preguntarle, ¿qué le falta por hacer?, respondió que todo. No es soñadora y lucha a diario por tener una sociedad justa, equitativa, sin pobreza y sin gente triste. “Lucha por una sociedad donde todos vivan felices, las personas no sufran por deudas y la educación sea incluyente e integral”, expone.

Mildred se considera un ser humano en construcción permanente. Tiene en su portafolio de vida un amplio historial en la formación, las labores sociales y la lucha por la equidad de género, este último representa el motor de sus acciones diaria.  

Viene de un hogar humilde y ama la lectura. Ella es todo un manantial de conocimiento y una persona que vive a plenitud cada momento que la vida le regala.

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