Altagracia Kubinyi 
Cree que el amor es el arma de los inteligentes y que sólo el amor puede cambiar la vida de las personas y hacerlas más humanas. Es egresada de la carrera de Comunicación Social Mención Periodismo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, recinto Santiago. Estuvo en la redacción del periódico impreso Listín Diario, ha colaborado en el periódico digital HoyNoticias.com a través de su columna #SinEtiquetas. Estuvo a cargo de clubes de Naciones Unidas durante su adolescencia, ha colaborado en la Asociación de Estudiantes de Comunicación Social de la UASD, Santiago. 

Altagracia Kubinyi

Ser mamá y ser mujer son uno de los retos más grandes que enfrenta el género femenino.  Son muchas las razones que afianzan este pensamiento.

A mamá le han dejado la “responsabilidad de educar a sus hijos e hijas”, es mamá la “administradora por excelencia del hogar” y es la esposa quien tiene la “obligación de los quehaceres” de la casa.

Estas asignaciones históricas son una clara representación de que el privilegio que tienen las mujeres de dar vida y de ser detallistas en los eventos familiares, es también una cultura esclavizadora de responsabilidades socialmente establecidas.

 Las madres son imprescindibles para mejorar el ambiente de este mundo, que cada vez es más complejo, pero igual lo son los padres.

 Las infinidades de historias familiares sin éxito que hemos tenido procedente de una cultura patriarcal, de una cultura que enfatiza esos roles de sumisión de la mujer nos confirma que reaprender.

No nacimos para cocinar, lavar, planchar o criar a los hijos e hijas. Nacimos para volar, para disfrutar de cada momento.

Esa cultura patriarcal contribuye a que a las madres se les haga responsable del comportamiento de sus hijos e hijas. Lo justo es que ambos progenitores contribuyan en la misma medida en el bienestar y el desarrollo de la familia.

En definitiva, cuando se educa al varón a que puede salir de casa sin reglas y a la niña la cuidadora y heredera de una lista de restricciones, es en ese momento en el que se esclaviza a la mujer, que en un futuro será madre y se despierta al posible agresor que desde la infancia tiene libertad para andar por la vida sin nadie que le detenga.

¡La libertad y la equidad es el mayor bien que existe! Nosotras, las mujeres debemos de disfrutar de esa libertad.

No nacimos para cocinar, lavar, planchar o criar a los hijos e hijas. Nacimos para volar, para disfrutar de cada momento. Para vivir a plenitud  del matrimonio, disfrutar de los hijos, del trabajo y de la vida.

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