
Eloísa Esperanza, de 80 años, tenía las manos gastadas de tanto lavar los calcetines y las prendas de lujo de Juan.
Sus dedos contenían el humo impregnado a causa de las miles de comidas que durante toda su vida preparó a su nieto, quien al crecer la visitaba solo cuando le sobraba tiempo.
El nieto la veía en escasas ocasiones, nada había cambiado desde que la abuelita se hizo cargo de Juan. A los hijos de Eloísa Esperanza, que disfrutan de una vida de lujo, tampoco le importa su madre.
De repente, una ola de tormenta venenosa se pasea por el mundo y comienza a cobrar la vida de todas las personas mayores de 60, también otros y otras menores, la abuelita está en lista.
Cuando Juan llega a la cúspide del éxito se da cuenta que le falta algo, que necesita de alguien cercano que le abrace, que le mime (…). Se acuerda de los consejos y de las expresiones de amor de su abuelita, la única que estuvo con él durante toda su vida, aunque él no estuvo para ella.
Ante este sentimiento de nostalgia y necesidad, ¡Juan, corre, deja su carro en una entrada y se apresura para llegar a la casita de madera de su abuelita que se encuentra alejada de la ciudad!

Entre sudor, cansancio y agitación, Juan llega a su hogar de infancia. Toca a la puerta, pero el silencio es el único que habita en las cuatro esquinas de madera. El nieto empuja las hojas de lata que cubren la vivienda y con lágrimas en su rostro contempla el cuerpo de Eloísa que yace inerte,con semblante pálido, y las manos heladas. ¡Su corazón no late más! Su respiración no se siente, ni se escucha. Sus dedos con cayos no responden. Era evidente, Eloísa, su abuelita, había muerto en soledad.
Juan pisa tierra y comprende que su fortuna acumulada no le devolvería la vida a la única persona fiel que estuvo a su lado siempre, y llora desconsolado. Por su memoria pasan las centenares de escenas de maltrato, altanería y rechazo que le había hecho abuelita. Comprende que nada de lo que haga va a cambiar esas imágenes.
“¡Dios mío!,” grita Juan, “¡ilumíname, perdóname, y ayúdame. Te suplico, dame una manera para mitigar este dolor tan grande!”, implora Juan en sus minutos nostalgia.
De repente, una idea llega a su memoria: “¡Crearé una fundación en honor a mi abuelita Eloisa para proteger y cuidar a los adultos mayores, especialmente a la población afectada por la pandemia. Sé que como mi abuelita hay muchos y muchas, abandonados/as por nietos ingratos como yo; que se van sin despedida; y sin decir adiós!”
Ahora Juan ha decidido tener una fundación en la que protege a los adultos mayores, aunque la pandemia es más fuerte que la voluntad del nieto. La abuela se fue sin despedida y en su nombre muchas abuelitas y abuelitos se están yendo sin decir adiós.
Puedes cambiar la historia de Juan y comenzar a tener memorables momentos junto a ellos y ellas que son los héroes y las heroínas de toda una generación.
Cuida a los adultos mayores y vive feliz y agradecido por la gracia de tenerlos/as. Si te equivocaste, aún tienes tiempo de remediar tus acciones, de no maltratarles.

6 Comments
Esto pasa constantemente en la vida de la mayoría de las personas hoy en día,dejamos a nuestra familia de un lado en busca de un mejor futuro, nos olvidamos de lo esencial que es la familia, darle amor y tiempo a nuestro seres querido, no tiene nombre. Le recomiendo a todos que cuiden a su familia, quienes están siempre, ya que un día esas personas queridas tendrán que marcharse de este mundo y lo único que nos quedara es lo vivido.
Saludos, Joanna. Agradecemos el tiempo que se ha tomado para escribirnos su retroalimentación sobre este contenido. Sí, estamos totalmente de acuerdo con usted. Es muy triste que esto ocurra. Le mandamos abrazo y deseamos que se encuentre bien en este proceso de confinamiento.
Me encantó, deja un hermoso mensaje
Hola, Brinni. Qué alegría saber que te haya gustado.
Te abrazamos.
Realmente me encantó esta historia… creo que no debemos llegar hasta los últimos momentos para dedicarle todo el amor y el tiempo a nuestros abuelos. Esta historia me da mas ánimo de llamar a mi abuela que solo la tengo a ella… llamarla diario y decirle lo mucho que la AMO❣️
Hola Verónica, agradecemos que te haya gustado esa historia. Síii, ese es el objetivo. Pasa linda semana y síguenos escribiendo.